CON LA VENIA

En el mes que ahora concluye he sido testigo de cuatro capítulos judiciales, a cual más bochornoso, que ponen a prueba la resistencia de aquellos que nos podríamos calificar como “personas de orden”: respeto a la ley, los derechos de los demás, confiados en los poderes del estado… Son cuatro capítulos de insuperable nivel de ridículo judicial.

En A Coruña leo atónito una sentencia (en un auto de la Audiencia plagado de contradicciones y prejuicios machistas y “viejunos”…) por el cual se revocaba una sentencia anterior y  devolvía una custodia a la madre, a pesar del pronunciamiento en contra del juzgado de primera instancia, de la juez, de la fiscal de primera instancia, del fiscal de la Audiencia, de los peritos judiciales, del IMELGA… El argumento de fondo con el que concluía el “razonamiento” jurídico: una madre es una madre; vamos, como el valor: se le supone la capacidad para…  (y sino, ¿quién paga el “fallo”?).

En Lugo se archivaban las causas abiertas por la Juez De Lara tras aparecer citado el ex Conselleiro Fernando Blanco en una grabación a un delincuente declarado. Blanco sufrió así la que se conoce popularmente como “pena del Telediario” durante años con serios perjuicios morales y económicos para él.

En Barcelona un juez de audiencia “lee la cartilla” a la Guardia Civil por cumplir órdenes de otro juzgado acudiendo a impedir las votaciones ilegales del pasado año el 1-O, aduciendo que “como las votaciones no tenían valor legal”.

En Madrid el Tribunal Supremo se corregía a sí mismo, hurtándole a la ciudadanía la devolución de gastos injustamente cobrados; dejando al gobierno la solución para que corrigiera su incapacidad. A la par que la política, la judicatura (la de las altas instancias), se empeña en demostrar que puede ser tan torpe como la primera. Pero sus injusticias son más duras e hirientes y motivo de pérdida de confianza y de inseguridad.

¿Es o no es?