COP25: BIENVENIDOS A LA FERIA

Feria (lat feria)

 

  • f. Mercado de mayor importancia que el común, en paraje público y días señalados..
  • f. Fiestas que se celebran con ocasión de un mercado.
  • f. Paraje público en que están expuestos los animales, géneros o cosas para su venta.
  • f. Concurrencia de gente en una feria(‖ paraje público para exponer géneros a la venta).
  • f. Descanso y suspensión del trabajo.
  • f. Trato, convenio…    Un mucho de feria tiene esta COP25 (madrileña de rebote) y que, sarcásticamente, se celebra en el Recinto Ferial Juan Carlos I. Se llega a la cita tras renunciar, primero Brasil (Bolsonaro no quería que le sacasen los colores de sus selvas quemadas) y después Chile (las movilizaciones por los poco democráticos comportamientos gubernamentales lo aconsejaron), lo que puso en bandeja a España el organizar la cita. En la ONU, en el mundo, España tiene fama de “echá palante” y nada como un español para improvisar… por ello les faltó tiempo para aceptar el ofrecimiento del gobierno en funciones. Y vaya si llegamos, casi sobrados… otra cosa serán los resultados.La decisión ha hurtado al Continente Americano la posibilidad de poner en evidencia, ante el resto del mundo, muchas de sus debilidades ambientales. Sólo el movimiento Fridays For Future se posicionó claramente contra esta decisión. Casi todos aplaudieron la ocasión que, para España, supone esta “celebración”.

    Me permito no compartir esa ola de “buenismo”… primero por la expuesta razón de haber contribuido, aunque fuese inconscientemente,  a “tapar” que centro y sur americano vuelvan a estar fuera de estos procesos. Bolsonaro vuelve a ganar. Pero sobre todo por el mercadeo y conversión en plataforma #Greenwashing, en que  la cita se está convirtiendo por momentos, ofreciendo un escaparate a algunos que por deber, deben hasta de callarse.

    CLAVES DE UN ENCUENTRO

    Tras 25 ediciones de cumbres climáticas, el nivel de emisiones no ha bajado, por el contrario el calentamiento global experimenta entre el 90 y 2019 situaciones de emergencia climática. La 25 era un ensayo para el año próximo, revestida de oportunidad americana, un escaparate de su problemática… Se oculta que todos los trabajos y esfuerzos están pensados, orientados y diseñados para el #GLASGOW2020. Y es que Europa parece ser, otra vez,  la única protagonista de un proceso del que se sienten cada vez más ajenos lo demás continentes.

    Madrid se presenta como la oportunidad de un cambio que está, si no condenado al fracaso, al menos a demorar un año la adopción de decisiones trascendentes que nos sitúen por debajo de los 2 grados de calentamiento global respecto al período pre-industrial (aunque todos reconocen que sólo situarse por debajo del 1,5º  servirá para poner freno a desapariciones de especies, enfermedades ambientales, etc).  Pero todo apunta que superaremos los 3º, ya que los objetivos por países no se están cumpliendo y el “piensa global, actúa local” sigue siendo sólo una buena intención.

    Estados Unidos (15% de las emisiones) ya se ha manifestado: “me quedo al margen”, pero eso ya generó acciones de respuesta de muchos de sus estados confederados. Es el turno de los compromisos firmes de los países, en sus respectivos NDC (Nationally Determined Contributions), de asumir 2050 como límite para alcanzar  la neutralidad en sus emisiones. En este capítulo sí podría producirse algún avance, si el número de países firmantes es significativo…  2020 es, precisamente, el año en que los gobiernos tienen ya (acuerdo de París) la obligación legal de empezar a informar de sus emisiones y avances, o no, en la materia.

    Pero sigue, y todo apunta que seguirá al menos hasta Glasgow, la asignatura pendiente (la que de verdad cierre el círculo y puede ayudar a resolver la cuestión significativamente) la vertiente empresarial.  Y es que sigue, en la práctica, fuera de agenda el uso de los mercados financieros para la lucha contra el cambio climático.  El comercio de derechos de emisión, se ha demostrado ya como una solución eficaz, siempre que se incrementen los precios; es el camino necesario, y viable en el corto y medio plazo para el cambio de combustibles (sustitución de FÓSILES) y una “espectacular” (por imprescindible) caída de emisiones de gases de efecto invernadero.

    Pero estas tres líneas de acción de poco servirán, si no se crea el fondo de apoyo a países en vías de desarrollo (se estima que serán necesarios 100.000 millones de dólares) para apoyar sus procesos de reconversión sin que pierdan ese estatus y experimenten retrocesos sociales y económicos quizás irreversibles. Los 200 países asistentes deberían apuntalarlo… pero no parece que vaya a ser posible, al menos este año… la mayoría mira a Glasgow y a la #COP26.

    EN CLAVE LOCAL: CUESTIÓN DE RELATO

    Las casi nulas expectativas de avances y compromisos reales con el Acuerdo de París y su desarrollo, nos lleva (a España) a la realización de un despliegue “ferial”, en el más amplio sentido de la palabra. Se abre el recinto para que España venda sus bondades y es aprovechado por algunas de las compañías con mayor responsabilidad en las emisiones generadoras de calentamiento, para hacer una campaña de #Greenwashing inaceptable. A la par, los especiales publicitarios de medios de comunicación nos cuentan una realidad bien diferente, a la que justifica la existencia de la COP; el recinto ferial acoge toda suerte de presentaciones… demasiado ruido, o quizás el suficiente y necesario para ocultar una realidad que nadie quiere ver. Lo importante es la escenificación, el relato que se hace de la cita elaborado por la administración y una parte del ambientalismo patrio. Lo de menos, la puesta en evidencia de la situación y el trabajo para dar sentido a esta COP, española de rebote y en segunda convocatoria (como para los malos estudiantes).

    EL ESCENARIO

    El escenario peninsular elegido, Madrid, responde a razones puramente logísticas: capacidad organizativa (el Recinto Ferial Juan Carlos I)… pero hasta aquí. Encarna uno de los peores ejemplos de acción urbana para la Transición Ecológica de Europa, sólo maquillada por un Madrid Central a punto de desaparecer. Es la comunidad que peor gestiona sus residuos de construcción, permitiendo la existencia de un gigantesco vertedero (investigado judicialmente tras el caso Seseña) que hace competencia “legal” a las plantas de reciclaje; una de las peores tasas de reciclaje de residuos urbanos como consecuencia de la priorización del vertedero como sistema de gestión; una altísima tasa de emisiones de CO2 por particulares (persisten miles de calderas de carbón y el gas individual es el dominante en ACS hogar) y comercial (edificios de oficinas que contaminan tanto como industrias de tamaño medio) con una capital  rodeada de cinturones industriales con empresas que no van a la zaga… , por lo que la culpa no es sólo de los coches.

    Si el problema del calentamiento global (las emisiones) es el modelo de consumo, Madrid y su área metropolitana encarna lo peor de ese modelo del usar y tirar, sustituido por unas 3R que nadie cumple y en las que la publicidad “oficial”, ha convertido al reciclaje en un fin en sí mismo, con desastrosas consecuencias ambientales.

    No deberíamos dar por bueno que la intensa actividad de la zona verde (zona de la COP25 que engloba lo social, ecologista, económica…) blanquee y justifique un fracaso de la zona azul (político – institucional). Es más, seguramente serán más los éxitos, y trascendencia para las nuevas generaciones,  de la cumbre paralela con 400 organizaciones participantes, que se celebra en calles, campus o centros culturales de la capital, que la del Recinto Ferial.