ECONOMÍA CIRCULAR SE ESCRIBE CON 9 “erres”

“la reducción del consumo y el mantenimiento del valor de los productos, materiales y recursos durante el mayor tiempo posible y la minimización de los residuos, en su caso mediante la aplicación de la jerarquía de residuos”.

 

Economía Circular, es uno de los términos más repetidos en los últimos tiempos. Después de que expertos nacionales e internacionales diesen por muerto, mediada esta década, el actual modelo de las 3R (Reducir, Reusar y Reciclar), sin tan siquiera haber alcanzado unos objetivos razonables en las tres “reglas”. Por el contrario, mal utilizadas como argumento ha transmitido a la ciudadanía el falso mensaje de: “tu consume que el reciclaje lo resuelve”. Como con los incendios la prevención, en materia de residuos, la prevención – reducción ha sido la gran olvidada. La formulación de las 3R, que se quedó finalmente en la teoría, llega a su fin para dejar paso a la economía circular. Y con ella el tiempo de desterrar el actual modelo de producción y gestión de recursos, bienes y servicios enfocado a un consumo a corto plazo que está llevando al planeta a una situación insostenible. Pero ahora ya no sólo se invoca a la ecología y a la sostenibilidad ambiental… la economía se convierte en el eje.

El modelo actual choca de bruces contra el ciclo de la naturaleza, llenando de vertederos el territorio y de emisiones y desperdicios nuestro medio. Mientras, en la naturaleza nada termina en un ‘vertedero’ sino que, todos los elementos vuelven a ser aprovechados de una manera continua y son reutilizados para su aprovechamiento en distintas etapas. La economía circular busca no dar la espalda a la naturaleza y procura un acople con su ciclo.

La “popularización” del concepto trae aparejado el desembarco de organizaciones de todo tipo que pretenden convertir el concepto en una oportunidad de Greenwashing; unos para reducir la Economía Circular al reciclado de materiales, otros para utilizarla para justificar aberraciones de todo tipo. En el primer grupo están organizaciones como algún SIG (Ecoembes a la cabeza) que manipulan el concepto para perpetuar un sistema irresponsable y limitado (convirtiendo el reciclaje en un fin en sí mismo). En el segundo estarían el uso de herramientas para justificar prácticas tan discutibles como la incineración “a caño libre” en plantas ineficientes como SOGAMA, que someten a “valorización energética” (intolerable eufemismo) miles de toneladas de materia orgánica y envases, en lugar del CDR (restos inorgánicos no reciclables de proceso), como sí ocurre en la mayor parte de incineradoras europeas… deturpando los principios de jerarquía de residuos.

C2R9= Economía Circular

Lejos de ser una fórmula química… C2R9 es el camino hacia la Economía Circular, tal y como se evidencia en la infografía que ilustra este artículo, elaborada en su día por el colectivo Galicia Ambiental. Esta forma de explicar el nuevo paradigma que supone la economía circular, abre horizontes frente a las 3R insuficientes para atajar esta vorágine de producción de residuos y de consumo insostenible. Esta nueva concepción pasa de 3R a 9R… pero, además, incide en las escasas posibilidades de éxito si no se incorporan 2 C: la cooperación y la comunicación, herramientas que condicionaran, junto al compromiso, el éxito o fracaso de este paradigma en tiempos en los que se van agotando segundas oportunidades.

La economía circular se presenta como un sistema de aprovechamiento de recursos donde prima Reducir la utilización de elementos y buscar minimizar la producción de residuos. Un proceso que comienza ya con la elección justificada de los elementos a emplear y las necesidades a cubrir. Repensar es por tanto un paso inicial… y la eco-concepción y el Rediseño una obligación. La economía circular aboga por utilizar la mayor parte de materiales biodegradables posibles en la fabricación de bienes de consumo – nutrientes biológicos- para que estos puedan ser devueltos a la naturaleza sin causar daños medioambientales al agotar su vida. La clave está en facilitar la transición que permite que un residuo se convierta en recurso. Por eso, los elementos que no puedan ser devueltos a la naturaleza y que no sean biodegradables es fundamental que puedan Repararse, Refabricarse y cuando no, directamente Reutilizarse

En un torbellino de fabricación descontrolada, la economía circular pone el foco en prácticas habituales en tiempos pasados y que han quedado relegadas, como la Reparación, que permite encontrar una segunda vida a los productos estropeados en lugar de sustituirlos inicialmente por un ejemplar nuevo. Este concepto conecta directamente con la necesidad de Refrabricar, ligado a una economía de la funcionalidad, donde se propone reducir o eliminar la venta de productos como opción mayoritaria optando por implantar un sistema de alquiler de bienes que permita que una vez el producto termina su función principal vuelva a la empresa para que lo desmonte y pueda reutilizar sus piezas válidas en los procesos de fabricación de nuevos elementos, la utilización de partes de los que ya han prestado un servicio debe ser un objetivo. Se busca así, un desacople sencillo, para darle una nueva vida, reincorporándolos al nuevo ciclo de producción para componer una nueva pieza o equipo.

Pero no solo al final de la vida útil de los productos entra en acción la economía circular, ya que este nuevo modelo implica un rediseño de los productos que conlleve la eliminación de los combustibles fósiles tanto para producir el producto como en su reutilización y su reciclaje. Las energías renovables deben tener un papel destacado en este paradigma. Y, al igual que se aborda un rediseño, es preciso valorar los impactos medioambientales a lo largo del ciclo de vida de un producto y repensar cómo reducirlos desde su concepción. La economía circular conlleva un esfuerzo más intenso al someter a revisión no sólo el fin de la vida útil y el reciclaje de materiales sino la propia concepción y creación de los productos. Todo esto implica también redistribuir la organización industrial en un mismo territorio de forma que se lleve a cabo una gestión optimizada de los flujos de materiales, energías y servicios.

Sólo recorrido este camino, o cuando los pasos anteriores ya no son posibles, es tiempo para el reciclaje, recuperando los materiales que se encuentran en los residuos. Pero en este campo es necesario poner fin a la interesada idea, creada desde algunos productores de bienes de consumo, que el reciclaje es un fin en si mismo. Este tipo de mensajes, el ejemplo más claro es el de los productores de envases de plástico, viene generando en la sociedad una despreocupación y desafecto ambiental, bajo el razonamiento: “si yo separo para reciclar, luego puedo consumir sin mayor preocupación o límite, ya que el reciclaje resuelve el problema ambiental”.

En este proceso entra también en juego otro factor importante, como paso previo a vertedero para aquellos elementos que ha sido imposible reintroducir en el sistema circular. La recuperación de la energía. Pero es imprescindible que esta “valorización energética” (incineración) sea sólo aplicada a los residuos que non han podido ser reciclados, es decir aquel que se obtiene en forma de Combustible Derivado de Residuos (CDR) y bajo estrictos controles de emisiones y nunca considerando la materia orgánica como un elemento incinerable. El CDR debería ser el resultado de restos no reciclables de los procesos industriales del circuito descrito. En España y con Galicia a la cabeza, la incineración (bajo el eufemismo “valorización energética”) se está utilizando para incinerar envases (que luego entran en las estadísticas como reciclados) o materia orgánica (con las consiguientes emisiones contaminantes y la pérdida definitiva de nutrientes, para nuestros cada vez más empobrecidos suelos).

Comunicar y cooperar

Pero si las R son fundamentales en la economía circular, este nuevo paradigma integra también otros dos aspectos claves e imprescindibles para lograr resultados positivos: comunicar y cooperar. Más allá de las buenas intenciones, este modelo implica la cooperación de toda la sociedad para no quedarse sólo en políticas sobre el papel que no lleguen a implantarse ni respetarse. Es para ello también necesario echar mano de una comunicación proactiva y directa que acerque la economía circular a todos los eslabones.

El objetivos es, además de hacer llegar el mensaje, crear sociedades críticas que no “compren” mensajes “patrocinados” con los que algunas grandes organizaciones tratan de “lavar” una imagen, mediante la utilización de espacios publicitarios como si fuesen informativos o la financiación de soportes y “profesionales” del medioambiente o la comunicación para blanquear su mensaje (o reverdecerlo mediante técnicas que conocemos con el anglicismo Greenwashing).

En definitiva, todos estos esfuerzos tienen un único objetivo: reducir la contaminación (generada por el consumo excesivo y la fabricación de nuevos productos) que está arrasando tierra, mar y aire, con tasas cada vez más elevadas y evitar la presencia de residuos (especialmente plásticos) en lugares inhóspitos. ¡En ello nos va nuestra propia supervivencia!

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